La Santa Cena: “Momento en que la Iglesia recordará y valorará el precio de su libertad”

La Santa Cena: “Momento en que la Iglesia recordará y valorará el precio de su libertad”

El Apóstol Naasón Joaquín ora por los que vendrán al memorial sagrado
(Coordinación de Crónica Apostólica) — El primero de agosto, inicio del calendario espiritual de la Iglesia del Señor, la feligresía de Guadalajara y de la Zona Metropolitana, se congregó jubilosa en el templo sede de la Iglesia La Luz del Mundo, para acompañar al Embajador del reino de los cielos, que este día primero de agosto levantó sus brazos y elevó su poderosísima oración por la iglesia que inicia el éxodo hacia Hermosa Provincia, y para que Dios bendiga en su viaje a todos los peregrinos, que con gran responsabilidad atendieron la invitación apostólica, “a venir a recordar el día de la libertad obtenida por el sacrificio del Hijo de Dios y decirle al mundo que Cristo vive y reina…”

Después de la consagración, que presidió el P.E.Benjamín Chávez, en la que destacó la importancia de la oración de los hombres de Dios, elevada por el Pueblo y a quienes el Señor escucha porque son muy amados de Dios, (Daniel, capítulo 9), exhortó a la Iglesia Universal a confiar plenamente en que ésta es la Iglesia de Dios y por ende Él es su amparo y fortaleza, porque tiene la gracia de la oración intercesora del Elegido por Dios para guiar a su Iglesia, gozosa reflexión tras la cual se escucharon las trompetas que anunciaban el anhelado arribo del Apóstol de Jesucristo al interior del recinto sagrado, que lucía pletórico, engalanado con la presencia y voces melodiosas de los Coros de Adolescentes, Jóvenes y Casados de Hermosa Provincia, además de los levitas de Bethel y de la Zona Metropolitana de Guadalajara, quienes después de la oración, en la que el Siervo del Señor depositó la gloria a Dios, al unísono con la iglesia entonaron el beligerante himno, característico de la nueva era apostólica, “Soy yo soldado de Jesús y Siervo del Señor”.

La Santa Cena no es una tradición: es el momento en que recordará y celebrará el precio de su libertad
Ya de pie en su ministerio, el Siervo de Dios hizo alusión a los hechos que acontecieron aquella noche en que “hace más de dos mil años, con una emoción especial, el Señor Jesús preparó la pascua, no la judía, ni la que estableció Moisés, sino una nueva, con un nuevo propósito y para otra gente u otros pueblos y en otras lenguas…”; Pascua que preparó con esmero y de la que expresó : “¡Cuánto he deseado comer con ustedes esta Pascua antes de padecer!” (Lucas 22:15), les dijo Cristo porque aquella sería la primera y última Santa Cena que comió con sus Apóstoles, amigos y discípulos y que dijo volvería a comerla en los cielos; pero entre tanto les pidió que la comieran y bebieran en memoria de su muerte, hasta que él venga de nuevo. Consigna en la que aquel día el Señor estableció la Santa Cena con un Nuevo Pacto, enseñanza que deja a sus discípulos, como uno de los más sublimes legados: “Así que, cada vez que bebiereis esta copa y comiereis de este pan, la muerte del Señor anuncias hasta que el venga”.

El Varón de Dios comentó que en días pasados les dijo a sus ministros en Bethel, que también él venía emocionado y con mucha ilusión a celebrar esta Cena instituida por Cristo, festividad que definió como “la gloria de la Iglesia, el consuelo, el bálsamo delicado y oloroso, la delicia de las almas fieles, el más rico ornato y un tesoro para nosotros” (Epístola Universal, 6 de julio de 2018, Madrid, España); motivo de gran gozo, “porque esta celebración en La Luz del Mundo no es una tradición, sino el momento en que la iglesia recordará y valorará el precio de su libertad, además de proclamar que Cristo resucitó y reina a la diestra de Dios…”.

Destacó que además es un momento sublime para los convidados, porque estarán ante un Dios vivo, Creador del cielo y de la tierra y ante el Apóstol, representante de Cristo en la tierra, quien los volverá a unir en la renovación del pacto que hicieron en el bautismo.

La Santa Cena: el momento de recordar nuestra libertad y anunciar al mundo que Cristo vive
En este tenor puntualizó que la Santa Cena “es el momento de recordar nuestra libertad y poder decirle al mundo entero, ¡que Cristo vive! Por lo que el éxodo de los que se dirigen a esta ciudad de Guadalajara, no es en peregrinación triste, ni vienen con sus cabezas agachadas, no vienen entonando cantos de dolor, cantos de angustia, cantos de muertos; no vienen los hermanos detrás de imágenes, como si estuvieran lamentando algo, ¡no! éste pueblo se dirige con alegría, porque sabemos a que hemos venido: vamos a estar ante el único Dios vivo, creador del cielo y de la tierra y por el amor de su hijo amado Jesucristo, que estableció hace mas de dos mil años esta pascua espiritual. Nos volveremos a sentar a su mesa y nos volverá a renovar el pacto espiritual que hemos hecho con nuestro Dios. Así es que, para su hermano Naasón, y para toda la iglesia ¿Es una Santa Cena más?, no. Es una celebración en la que volveremos a gritar: ¡Libertad!, ¡Libertad! Libertad que hemos de alcanzar por el Ministerio Apostólico de la reconciliación que Dios tiene en ésta tierra.”

La oración eficaz del justo puede mucho delante de Dios
Saludó a la Iglesia del Señor esparcida por más de 50 países deseando “que la paz sea el camino por el cual alcancen la reconciliación con Dios”, y para motivar a los hijos de Dios que parten hacia Hermosa Provincia, los invitó a entonar la alabanza 337, que espera se convierta en un icono de la festividad, y que seguramente desde hoy se empezará a oír por las carreteras, en los trayectos de los hermanos; una alabanza que se empezará a escuchar en las casas de oración: “Marcha con gozo oh Pueblo del Señor”. Esta peregrinación que no será con tristeza, ni con dolor ni lágrimas ni lamentos, porque ciertamente vienen a recordar la muerte del Señor Jesucristo; pero con gloria y alegría porque resucitó y hay que proclamarlo después de recibir la reconciliación con Dios: “… sublime momento en que nuestra alma se elevará al cielo para alegrarnos con los ángeles en un gozo, hermanos, sin igual en ésta tierra…”

Después que los presentes entonaron con gallardía el himno, el Apóstol del Señor interrogó: “Hermanos, ¿se nos convoca a una marcha?, no; tampoco a un viacrucis, sino a un éxodo que iniciarán los hermanos este día, desde el momento en el que eleve la oración a Dios; plegaria que su hermano hará con humildad pero con toda seguridad de que Dios me ha de oír, porque hasta este día Dios nos ha demostrado que Él es con nosotros y al pedir su hermano protección, seguridad, y la bendición de Dios, empezarán los hermanos esta hermosa marcha…”.

Exhortó a los peregrinos convocados a que en su trayecto, en un paralelismo espiritual hagan el estruendo de las batallas de la antigüedad, que al marchar hacían resonar los tambores haciendo sonidos con el pie, con sus espadas o sus escudos, pretendiendo amedrentar al enemigo, que al escucharlos creía que se enfrentaría con un gran ejército, que ya llevaba el ánimo de la victoria y la consigna de derrotar a su adversario y con más fuerza le pegaban a sus escudos, gritaban con más vigor para que el enemigo viera desde lejos que aquel pueblo era numeroso y fuerte, decidido a triunfar en aquella batalla: Actitud que los hacía llenarse de miedo, “que se amedrentaran y dijeran: ¡Mira nada más cómo vienen!, ¡mira cuántos son!, ¡mira cómo levantan polvo!, ¡mira como se oye su marcha! ¡Así me imagino yo a la iglesia del Señor!”, concluyó el Siervo de Dios.

Porque él no desea que los hermanos hagan el éxodo como si fuesen a una peregrinación, como la que vio en una de sus giras por los estados del País, “en donde la gente iba detrás de un ídolo, unos pocos, porque hoy cada vez es menos la gente, hermanos, que cree en ese engaño-, el cura que iba detrás de aquella imagen de madera, decía un rezo y atrás de él, la gente lo repetía también, pero en murmullos. Su caminar era lento, de pesar y hasta de enfado, en su rostro se les veía el hastío. El cura los incitaba a que cantaran sus canciones a esos ídolos… era un canto de muertos, fúnebre, triste, que entre murmullos se alcanzaba a escuchar, pero no se entendían las palabras…”.

El Apóstol del Señor, dijo con tristeza, que tienen razón, porque iban cantándole a un dios muerto, iban atrás de un dios que no los puede atender ni consolar, atrás de un Dios que no puede defenderlos ni hacer nada por ellos, pues ni ellos mismos tienen capacidad de defenderse a sí mismos. Refirió que los veía con pena: “Yo sentía tristeza porque no veía la actitud de ellos, no veía aquella peregrinación como tal, veía la necesidad de sus almas, pues esa gente lo hace porque cree que así va a servir a Dios.” Lamentó la ignorancia en que viven y las mentiras en las que creen. El Señor ni cargó la cruz, porque ya su cuerpo estaba completamente dañado por los azotes que le había dado aquel soldado y por los golpes que la gente le propinaba en su caminar. (Al respecto léase en evangelios de Marcos,​ Mateo​ y Lucas,​ que Simón de Cirene fue quien ayudó a cargar la cruz de Jesús hasta el Gólgota) Ni sufrió las caídas que pregonan en esas procesiones o viacrucis efectuados por tradición; porque el testimonio de la iglesia no les ha llegado y expresó que: “si a esas almas llegase la verdad del evangelio, la gran mayoría estaría entre nosotros y esa será mi encomienda: que vengan hermanos a dar testimonio de esta verdad.”

Verdad que puntualizó, asegurando que se proclamará en esta celebración ante un Dios vivo que escucha y que habla a través de Su ungido. Con esa confianza sabe que vendrán emocionados, porque el Señor les estará dando la oportunidad de reconciliarse y volver a la comunión con Dios. Por ello este primero de agosto del 2018, el Apóstol anunció que: “habrá redención una vez más y desde este día habrá un grito de júbilo que se escuchará en más de 50 naciones; y dirán, ¿por qué gritan? Porque no es la marcha del silencio, ni un viacrucis, es la marcha de la Luz del Mundo, marcha de unidad y redención, ¡hermanos salgamos de nuestros países y vayamos a la Ciudad del gran Rey!”

El Apóstol exhorta a revalorar la conmemoración de la Santa Cena
Por la importancia de la celebración y la consigna del Señor, de proclamar su venida, el embajador de los Cielos conminó a la audiencia presente y la iglesia universal que lo escuchaba por la Internet a salir y caminar con la frente en alto, a venir emocionados en el espíritu revalorando la conmemoración, dando glorias a Dios por su amor incomparable al dar a su hijo por rescate de la humanidad, a disfrutar la fiesta más sagrada de la iglesia del Señor y al vivir el momento sublime de la Santa Cena, valorar lo que de Dios recibirán, la unión con el cuerpo de Cristo; ya que en alusión a la Carta apostólica de invitación, -concluyó: “La Santa Cena ofrece la esperanza de vida eterna para todos los pecadores, aplaca la ira de Dios, conmueve su misericordia, contiene sus castigos y nos abarca en la gracia y el perdón.” (Op. Cit.)

Israel, bosquejo de los real y verdadero
Explicó que la liberación de Israel fue el bosquejo de lo real y verdadero, (léase Éxodo 12:40) que tras 450 años de esclavitud, los libertó por medio de Moisés, les dio leyes para que fuesen un pueblo limpio, perfecto y que sirviera a Dios, que fuese agradecido con Dios que les cumplió todas las promesas. De aquel hecho explicó que llegaron a Egipto como una familia, pero cuando llegaron a ser un pueblo próspero, lo olvidaron, ya estando en servidumbre clamaron a Dios, apelaron a la promesa dada a sus antepasados y les envió al libertador que necesitaban.

Aquella fecha dijo el Apóstol, “se convirtió para Israel en un día memorable a perpetuidad, a fin que recordaran la obra grandiosa que Dios hizo con ellos, que valoraran que Egipto los iba a convertir en un pueblo extinto, pero Dios levantó un libertador, los sacó de la esclavitud para convertirlos en su especial tesoro (Léase Hechos 7:5)”.

La gratitud a Dios en la vida del cristiano
Puntualizó que a semejanza de Israel, ahora la Iglesia es el actual pueblo de Dios, libertado para servirle. Por ello enfatizó el Siervo de Dios: “Tanto el convertido, como el que vino del mundo, todos somos hijos de la libertad…”, y esta pascua espiritual es una conmemoración que realiza la Iglesia La Luz del Mundo, a fin que no suceda lo que al pueblo de Israel, que se corrompió, se hizo un becerro de oro y desconoció a los hombres de Dios. Incluso cuando vino el Señor Jesucristo lo rechazaron diciendo, nosotros somos hijos de Abraham. La falta de gratitud de ese pueblo, lo hizo exclamar: “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados!” (Mateo 27: 37).

El Varón de Dios espera que no ocurra eso en la iglesia conformada por redimidos esparcidos en más de 53 naciones. Por lo que los conminó a recordar que: “muchos éramos de lo peor del mundo y en el estiércol del pecado Cristo nos encontró y nos libertó con mano fuerte y brazo extendido, para servir sólo al Dios vivo y lo mismo hará con todo aquel que crea en el Señor y en el que Dios envió para restaurar las almas; lo cual ha venido ocurriendo desde 1926 en que inicia el periodo de restauración de la iglesia del Señor, que por siglos quedó oculta hasta que Dios levantó apóstoles para que la rescatasen empezando en México, luego el Salvador, Estados Unidos y otros países, porque Dios quiere que por medio de su Hijo Jesucristo y de su Apóstol, nuevas almas alcancen la libertad…”.

Por tanta bendición que se espera, ya para concluir asentó la responsabilidad de venir a celebrarla, excepto los que por enfermedad o documentación, no les será posible, por quienes dijo que orará para que también experimenten la comunión. Sentenció que el que pudiendo venir, no lo haga estará negando al Señor, y él los negará en el día postrero. Aquí recomendó a la iglesia que reflexionara en el precio del rescate, es decir, la sangre del Señor, él era humano y tuvo miedo a morir de la forma ignominiosa e invitó a sus amigos para que lo acompañaran a suplicar, mas ellos estaban cansados, entonces él trató de conmover a su Padre para que lo librara, puesto en tierra y en agonía, oraba con mucho fervor; y su sudor se volvió como gruesas gotas de sangre, que caían sobre la tierra: “¡Señor, si es posible, pase de mí esta copa, mas no se haga m voluntad, sino la tuya! “ (Lucas 22:44). Así triunfó la fortaleza del aquel Cristo amoroso, que voluntariamente decide entregar su vida por los pecadores.

Ante este triste recuerdo, el Varón de Dios conmovido en el espíritu y entre sollozos prometió al Señor: “¡Ya no estarás solo, a tu memorial vendrán de los cuatro Continentes, de todo tribu y lengua!, ¡tú ya no derramarás lágrimas, nosotros lloraremos de alegría y glorificaremos tu nombre, te adoraremos Señor, porque fuiste nuestro Salvador!” Reiteró a la iglesia universal, que la Santa Cena también es para renovar el pacto con Dos y permanecer agradecidos con el Señor.

Agregó que los estará esperando con los brazos abiertos, “hasta el 9 de agosto en que les daré la bienvenida, la iglesia de Guadalajara serán mis brazos que estarán levantados en las consagraciones de 24 horas y su hermano vigilará que ninguna casa de oración esté vacía, que por lo menos estén dos hermanos orando levantando mis manos para que Dios los traiga con bien…”. Ya para elevar su anhelada oración, que los peregrinos esperan para iniciar el éxodo, preguntó: “Iglesia del Dios Vivo, ¿crees que Cristo me ha puesto para guiar tus almas? Entonces ten confianza, llegaréis a este lugar para bendecir y adorar al Rey de Reyes, a Jesucristo, nuestro bendito Señor…”.

Finalmente reconoció la fidelidad a la Elección y a las disposiciones apostólicas de la iglesia de Guadalajara, que ha dispuesto lo necesario para hospedar a los hermanos uniéndose al propósito que Dios ha establecido, con la confianza que Dios recompensa las atenciones que les prodiguen, pues los recibirán como si fuesen el Apóstol, que al recibirle, será a Cristo y al que lo envía.

El Embajador del reino de los cielos después de orar por la seguridad de iglesia, con la autoridad que Dios le ha dado bendijo el primer día del año espiritual e invitó a la iglesia a confiar que por la oración apostólica, “Dios abrirá las puertas para que su pueblo llegue con bien, sobre todo si los hermanos vienes con gozo a celebrar la libertad” y para concluir su primera presentación de la magna festividad, invitó a los congregados a entonar el cántico “Hoy te invitamos hermano, que vayamos a Sion” y acotó, “porque serán las almas las que jubilosas entrarán a esta ciudad, la del gran Rey…”.


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