Segundo recorrido apostólico por las iglesias de la Zona Metropolitana de Guadalajara

Segundo recorrido apostólico por las iglesias de la Zona Metropolitana de Guadalajara

(Coordinación de Crónica Apostólica) — El jueves 2 de agosto, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, inició su segundo recorrido por las iglesias de la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG), con el propósito de acompañar a los hermanos que, en una consagración de 24 horas, se encuentran orando por quienes vienen en camino a la ciudad de Guadalajara.

En este segundo día de recorrido, acompañaron al Apóstol de Jesucristo los ministros P.E. David Venegas y P.E. Manuel Cortés, así como los hermanos D.E. Alejandro Hernández, D.E. Cristian Carrera, D.E. Magdiel Medina y O.E. Efraín Méndez.

I
Un predio ubicado en el fraccionamiento Prados de la Cañada, en el municipio de Tonalá, fue el primer lugar visitado por el Apóstol de Jesucristo, en su recorrido por las iglesias. Es un terreno que la Iglesia de la colonia Lomas de Salto adquirió recientemente, cuyas dimensiones son ideales para la construcción de un moderno templo: 1,120 metros cuadrados, de los cuales 600 serán destinados para la edificación del recinto sagrado y el resto —520 metros— para áreas verdes y de recreo.

El reloj marcaba las 11:25 de la noche cuando el Apóstol de Jesucristo descendió de su vehículo y, enseguida, ingresó al templo —habilitado de manera provisional bajo dos toldos—. Se detuvo un momento y dirigió unas palabras a los hermanos: «Qué alegría estar con ustedes y ser testigo de que se encuentran levantando mis manos. Dios les bendiga».

Enseguida, el hermano D.E. Alejandro Hernández presidió la consagración especial. Invitó a cantar el himno «Amor, oh cuán sublime amor», al que se unieron conjuntamente el Apóstol y la Iglesia. Posteriormente, se leyó el Salmo 86, que expresa en su primer versículo: «Inclina oh Jehová tu oído…». Los 82 hermanos que conforman esta incipiente Iglesia oraron con fervor, gratitud y reconocimiento espiritual.

Luego de la plegaria, el insigne maestro salió del predio y saludó a los hermanos que, con inocultable alegría, se encontraban en la parte exterior: «Dios les pague y les bendiga por orar por los hermanos que vienen en camino», expresó. Entre los hermanos tonaltecas se encontraba el ministro local, hermano O.E. Jesús García.

Cabe destacar que la calle en donde se ubica este terreno es limítrofe: divide los municipios de El Salto y Tonalá. Quienes caminan por la acera de enfrente, pueden leer una lona con la siguiente inscripción: «Será como resplandor del sol en una mañana sin nubes, como la lluvia hace brotar la hierba de la tierra. Como grato olor de vida, así es usted, Santo Apóstol Naasón Joaquín García». A las 11: 56 de la noche, se reanudó el periplo apostólico a su siguiente destino.

II
Del fraccionamiento Prados de la Cañada, el Apóstol de Jesucristo se trasladó a la Casa de Oración ubicada en la calle Ignacio Allende n. 14, en la colonia El Diamante, en el municipio de El Salto.

El reloj marcaba la 12: 17 de la mañana cuando descendió de su vehículo y se encaminó al templo —destacable en esta colonia por su estilo neoclásico, su pórtico, su columnado corinto y su iluminación exterior—, donde los hermanos fueron encontrados por su padre en la fe en vigilia: los hermanos de la tercera edad, los jóvenes, las madres de familia, junto con sus niños, estaban cantando alabanzas y orando por sus hermanos que vienen en camino.

El hermano D.E. Cristian Carrera, quien fue el responsable de presidir la consagración especial, invitó a la Iglesia a cantar la alabanza «Jesús es mi refugio». Al entonar el himno, la bendición de lo Alto se derramó sin par: en un instante, la fervorosa oración se transformó en un avivamiento espiritual. La presencia del padre en la fe en ese recinto sagrado —donde cantó alabanzas, pidió por los que vienen en camino— llenó de alegría los corazones de los miembros de la congregación.

A las 12:36 de la mañana —del viernes 3 de agosto—, el Embajador del reino de los cielos salió del templo. Saludó al ministro local, hermano O.E. Javier Rangel, y, acto seguido, reanudó su recorrido al siguiente destino, entretanto el avivamiento espiritual continuó al interior del recinto.

III
De la colonia El Diamante, el Siervo de Dios se condujo a la Casa de Oración ubicada en la calle Álvaro Obregón n. 30, colonia San José del Quince, en el municipio de El Salto. A la 12: 48 de la mañana, ingresó al recinto sagrado, en compañía de sus colaboradores.

Como ha acontecido en todas las iglesias, sin excepción, en San José del Quince se sintió también la presencia y bendición de lo Alto, por la presencia del Ungido de Dios. El hermano O.E. Efraín Méndez fue el responsable de presidir la consagración especial. Invitó a cantar el himno «Hoy te invitamos, hermano». En el transcurso del canto, los hermanos lloraban de alegría: de su interior corrían ríos de agua viva —el gozo en el alma que solo los hijos de Dios pueden comprender y experimentar—. Posteriormente, leyó el salmo 48: «Grande es Jehová, y digno de ser en gran manera alabado en la ciudad de nuestro Dios, en su monte santo…».

Al salir del templo, el Apóstol del Señor se dirigió con el hermano D.E. Samuel Martínez, ministro local, a quien dio una encomienda: la construcción de un nuevo templo, más amplio y arquitectónicamente estético, en el terreno donde se encuentra la Casa de Oración actual, por ser ya insuficiente ante el incremento de la membresía: «Dile a los hermanos que es mi deseo que se edifique un templo grande y hermoso, para la gloria de Dios. Una digna Casa de Oración, donde vengamos a adorar a nuestro Dios. ¡Hay que confiar en el Señor!, y que, aún en nuestras construcciones, los hombres digan: ‘Pueblo diferente es este’».

Luego de este recreo espiritual —el disfrutar del «jardín de la oración»—, y de constatar con enorme satisfacción que sus hijos espirituales se encuentran en continua oración por sus hermanos que vienen en camino, el Embajador del reino de los cielos se retiró de este lugar. A su paso, saludó a los hermanos que se encontraban en el exterior del templo y, con una sonrisa paternal, les expresó: «Dios les pague por acompañarme en mi oración. Dios les bendiga». Enseguida subió a su vehículo para dirigirse a la que sería la penúltima de las iglesias visitadas en este segundo recorrido. En ese momento el reloj marcaba la 1:23 de la mañana.

IV
De la colonia San José del Quince, se trasladó a la Casa de Oración ubicada en la calle San Fernando n. 12, colonia La Huizachera, en el municipio de El Salto.

Ala 1:42 de la mañana arribó al último destino de su recorrido. Como ha acontecido, de manera invariable, la iglesia se desbordó en alegría al contemplar al insigne visitante ingresar a la Casa de Oración. Simbólicamente, los hermanos, en el interior de sus almas, saltaron como becerros en manada a la voz de su pastor (v. Malaquías 4:2).

El hermano D.E. Guillermo Moreno, responsable de presidir la consagración especial, invitó a cantar el himno «Jehová Dios mío», que los presentes entonaron con singular alegría. Posteriormente, dio lectura al Salmo 46. Enseguida, los hermanos doblaron sus rodillas y, reverencialmente, elevaron su plegaria en Dios.

El reloj marcaba las 1:58 de la mañana del viernes 3 de agosto cuando el insigne visitante salió del templo. En la calle San Fernando se despidió de los hermanos que ahí se encontraban, así como del hermano Enc. David Correa, ministro local.

V
Previamente, el Apóstol de Jesucristo, con inocultable satisfacción, expresó a sus colaboradores lo siguiente: «En todos lados se ve el amor y el fervor de los hermanos —independientemente si es una iglesia numéricamente grande o pequeña—. Por doquier se ve un Pueblo muy unido: tanto los que vienen en camino como de quienes los hospedarán. ¡Somos un solo hombre en Cristo!».

Respecto a la hospitalidad, mencionó que para el mundo es difícil entender cómo es posible que los hogares de los hermanos sean abiertos para recibir a la familia de la fe, aún cuando personalmente no conozcan a sus huéspedes: «Estas son las cosas inexplicables para el mundo. ¿Hay explicación humana para ello?, no la hay. A las personas que nos preguntan les decimos que no somos nada de los hermanos que vienen en camino. Sin embargo, somos de la misma familia. Es cierto, no pasa la misma sangre por nuestras venas pero pasa el mismo espíritu por nuestro ser: el de Cristo. En todos lados, es un gozo precioso, desde las iglesias en donde los hermanos llegan pronto, hasta los lugares en donde están presentes tres o cuatro hermanos. ¡Qué bonita es la Iglesia! Dios les bendiga, hermanos».

Así concluyó la el segundo recorrido apostólico por las iglesias de la Zona Metropolitana de Guadalajara.


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